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REINOSA Y ALTO CAMPOO
Mitología Cántabra

Página dedicada a historias y mitos cántabros

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En Cantabria, la realidad ha sido objeto de mitos desde muy antiguo. Entre el Ojáncano y la Anjana, representantes del mal y del bien, figura una vasta y variopinta galería de seres extraordinarios, salidos del ensueño poético de los hombres que durante milenios hollaron el suelo Cántabro.
En el rico acervo mitológico Cántabro, uno de los personajes más peculiares es el Ojáncano, cuya principal característica es que, como los cíclopes de la tradición mediterránea, tiene un solo ojo, en el centro de la frente. ¿Cómo llegó este personaje a Cantabria? ¿Nació en la Montaña a través de una transposición semejante a la que acabamos de señalar, cuyo origen se pierde en la nada del pasado, o llegó ya echo de la mano de alguno de los muchos pueblos que se han asentado en Cantabria en los últimos mil años? ¿Lo crearon los pintores de Altamira, tan dados a lo mágico, o lo trajo la cultura megalítica hace seis mil años? ¿Llegó con los celtas por el norte o del sur con los iberos? ¿No será la síntesis de varios personajes que sucesivas culturas han ido conformando?

Sea cual sea la respuesta científica sobre el origen de este mito y de los mitos en general, lo que sí es evidente es que el mito no surge de la nada, sino que procede siempre de una realidad, a la que sobrepasa. Ante un fenómeno inexplicado, la imaginación puede mas que la razón porque sus argumentos no precisan prueba visible ya que son objeto de fe. Creer: éste es el fundamento de la mitología y la religión. Y la fe es cosa útil. El hombre diviniza lo que no entiende para participar de ello, para atraérselo, para perderle el miedo, para dominarlo.

Las pinturas rupestres, cuya intención mágica es indiscutible, o las estelas solares de los celtas, que hablan de un culto al sol muy desarrollado, o el precioso vaso de Otañes, de época romana que honra a una diosa de las aguas, entre otros, muestran que la realidad ha sido objeto de mitos desde antaño.

La realidad cántabra es ante todo su paisaje; un paisaje que ha contribuido mucho a la creación de mitos porque es muy variado y accidentado, rico en fenómenos ligados a él, a sus montes, animales, fuentes, etc.
Una imperceptible ráfaga de viento que cierra repentinamente un ventanuco es la mano del Trastolillo, que quiere asustarnos. La desaparición de una vaca no se explica sino porque la ha devorado el insaciable Cuegle. La palidez de un niño no se debe a una alimentación deficiente, sino al largo diente de la Guajona, que le chupa la sangre. El trébol de cuatro hojas que trae suerte es difícil de encontrar porque se lo comen los caballitos del diablo la noche de San Juan.

Los dos fenómenos más importantes de la existencia humana son lo que nos conviene y lo que no, el bien y el mal, pues en ellos dos puede cifrarse todo cuanto nos acontece. No sorprende ver que en la mitología cántabra estas dos entidades antitéticas residan en sus dos personajes más importantes: el Ojancano y la Anjana. El primero tiene algo del cíclope mediterráneo, pero también del tártaro, su equivalente vasco, así como del cíclope celta. La Anjana parece ser un híbrido de la Dana celta, madre de los dioses, y de la Diana romana, diosa de los bosques, sobre una base de genio femenino autóctono relacionado con el culto de la naturaleza frugífera.

Los atributos de estos personajes son diametralmente opuestos: el primero es la personificación de lo feo, lo salvaje y lo malvado, y es autor de lo que cada día amedrenta al hombre de la Montaña, mientras la segunda es hermosa, refinada y bondadosa, y remedia los males o recompensa a los generosos. Son, pues, deidades del bien y del mal, deidades primitivas, deidades de una sociedad rural y silvestre. El mal atribuido al Ojáncano es una fuente cegada, una oveja desaparecida, un sembrado destrozado. Y el bien que la Anjana imparte se reduce al bien más simple de la naturaleza: el oro. Es curioso, pero en el mundo mítico cántabro la dicha se mide en oro, un bien urbano.

Aún quedan cántabros en cuyos corazones las Anjanas no han sido sustituidas por santos y vírgenes, pues atribuyen ciertas buenaventuras a esta hada buena de la Montaña, y aún se sigue amedrentando a los niños con el Ojáncano, pero, al traer la modernidad sus propios mitos urbanos, han ido desapareciendo los antiguos.


Desde su llegada, quizás en el siglo VIII, se veneraba la sagrada reliquia de la Cruz de Cristo en Santo Toribio. Sin embargo es a principios del siglo XVI cuando, teniendo en cuenta la tradición, los papas Julio II y León X ratifican definitivamente el Jubileo, con indulgencia plenaria para los años en que la fiesta de Santo Toribio (el 16 de abril) coincide en domingo, extendiéndose la gracia también a los siete días siguientes a la fiesta.
Con tal motivo se construyó en dicha época la Puerta del Perdón, que se abre durante el Año Jubilar. A lo largo de toda la época barroca fue importante el culto a la sagrada reliquia y en particular durante los años Jubilares.
En 1967 el papa Pablo VI amplió el privilegio de ganar el jubileo a todos los días del año, siendo extraordinaria la afluencia de peregrinos y público en general que acuden al monasterio en los años jubilares.

EL "LIGNUM CRUCIS"
La tradición la relaciona con el origen del monasterio, pero lo más verosímil es que fuese traída al mismo tiempo que los restos de Santo Toribio de Astorga, alrededor del siglo VIII. Según el P. Sandoval, cronista de la orden benedictina, esta reliquia corresponde al "brazo izquierdo de la Santa Cruz, que Santa Elena (madre del emperador Constantino, en el siglo IV) dejó en Jerusalén cuando descubrió las cruces de Cristo y los ladrones. Está serrado y puesto en modo de Cruz, quedando entero el agujero sagrado donde clavaron la mano de Cristo".
Se encuentra incrustado en una cruz de plata dorada, con cabos flordelisados, de tradición gótica, realizada en un taller vallisoletano en 1679.
Las medidas del leño santo son de 635 mm. el palo vertical y 393 mm. el travesaño, con un grosor de 40 mm. y es la reliquia más grande conservada de la cruz de Cristo, por delante de la que se custodia en San Pedro del Vaticano.
Un análisis científico de la madera, determino que "la especie botánica de la madera del Lignum Crucis es Cupressus Sempervivens L., tratándose de una madera extraordinariamente vieja y que nada se opone a que alcance la edad pretendida".

Personajes de la mitología Cantabra

El Ojáncano

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El Ojáncano personifica el mal para los montañeses. Es el personaje más desagradable y malvado de la mitología de Cantabria.

Es un ogro enorme, tan alto como los árboles más altos y tan robusto como los peñascos que sostienen a las montañas.

Tiene unos pies y manos gigantescos y en cada pie tiene diez dedos que terminan en unas afiladas garras, lo mismo que sus manos, que también tienen diez dedos cada una rematados por sendas garras. En ellas suele llevar una honda de piel de lobo con la que arroja grandes piedras y en la otra porta un recio bastón negro, que puede transformarse en lobo, víbora o cuervo, los tres animales del bosque amigos suyos.

Todo su enorme cuerpo está cubierto por un pelo áspero y rojizo. La parte delantera de éste está casi tapada por una espesa barba, en la que tiene un pelo blanco, el punto débil del Ojáncano, si alguien consigue arrancarle ese pelo, tras cegarle el único ojo que tiene en su frente, podrá matar a este desagradable ser.

Pero por desgracia, el Ojáncano no está solo, con él vive la Ojáncana, un monstruo tan terrible como él o quizá aún más. La Ojáncana se parece mucho a su compañero, pero ella tiene dos ojos, aunque lo más característico de ella son sus enormes pechos, que ha de echarse a la espalda cuando corre por el bosque.

El Ojáncano no se reproduce en pareja, su nacimiento es de lo más curioso. Cuando un Ojáncano está viejo, los demás lo matan, le abren el vientre para repartirse lo que lleve dentro y lo entierran bajo un roble. Al cabo de nueve meses, salen del cadáver unos gusanos amarillos, enormes y viscosos, que durante tres años serán amamantados por una Ojáncana con la sangre que mana de sus voluminosos pechos y de este modo pasan a convertirse en Ojáncanos y Ojáncanas.

De esto se desprende que reinan en la Montaña a sus anchas y sólo un duende o una Anjana pueden castigarlos.

 

La Anjana

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La Anjana es, frente al desagradable Ojáncano, un ser menudo, hermoso y bondadoso.

La Anjana es una hermosa ninfa que no mide más allá de medio metro, tiene los ojos rasgados y sus pupilas son azules o negras y brillantes como luceros, su mirada es serena y amorosa. Tiene unas largas trenzas rubias y se adorna la cabeza con una corona de flores. Su piel es muy blanca.

Tiene una voz dulcísima, como de ruiseñor y una pequeñas alitas casi transparentes, que la hacen parecerse a una mariposa.

Viste una túnica blanca con pintas relucientes y un manto azul que cambia por uno negro en el invierno. Lleva una vara de mimbre verde con una estrella en la punta y una botellita con una bebida milagrosa que cura a los enfermos. Vive en grutas recónditas que son auténticos palacios con el suelo de oro y las paredes de plata. Vive cuatro siglos y puede transformarse en lo que desee y hasta hacerse invisible.

Cuando algún cántabro tiene problemas, invoca la ayuda de la Anjana, que solamente se la prestará si éste es una buena persona. Pero la Anjana también castiga a quien la desobedece.

Parece que el poder de las Anjanas les viene dado por alguna fuerza superior, ya que ellas también pueden ser castigadas, sobre todo si se enamoran de un mortal, que significa renunciar a su esencia. Pero esto es excepcional y, por lo general, lo que distingue a la Anjana es su bondad.

 

El Trastolillo

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Es el más conocido de entre todos los duendes que habitan las casas de Cantabria, aunque en algunos lugares se le conoce como Trasgu.

Es un duende juguetón y atolondrado que constantemente está riéndose. Es pequeño y más negro que el hollín, con el pelo largo y del mismo color. Tiene carita de pícaro y unos ojillos muy verdes, colmillos retorcidos, dos incipientes cuernecitos y un rabillo que casi ni le distingue. Viste una especie de túnica roja que se hace de cortezas de árbol cosidas con hiedra, se cubre la cabeza con un gorrito blanco y se apoya en un bastoncillo de madera.

Todas las cosas que suceden dentro de la casa y que son inexplicables tienen por autor al Trastolillo. Como la gente sabe que son cosas del duende, ni se sorprenden ni se asustan.



El Trenti

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Es muy parecido al Trastolillo, pues es pequeñuco, tiene la cara muy negra y los ojos verdes, y no se queda atrás en lo de picaruelo y bribón, pero el Trenti, en cambio, no entra en las casas, pues es un duende del bosque. Por eso, para pasar desapercibido entre la vegetación, lleva por vestido una túnica de hojas de castaño y musgo que se confunde de maravilla con el entorno. Se alimenta de maíz y bebe leche, pero no agua, que es veneno para él. En el verano duerme entre la maleza, al pie de los árboles y en el invierno se refugia en las hondonadas.

Su entretenimiento favorito es tomar el pelo a los Montañeses que aciertan a cruzársele por los montes de Cantabria.

 

El Duede Zahorí

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Este es un enanito que a diferencia de los dos anteriores, no se dedica a fastidiar con sus bromas a las gentes de Cantabria. La gente lo llama "buscador milagroso" o "duende de las cosas perdidas", puesto que cuando algún cántabro pierde algo, lanza una invocación como esta al duende zahorí para que éste le encuentre lo que ha extraviado:


Duende, duende, duendecito,
una cosa yo perdí;
duende, duende, duendecito,
compadécete de mí.


Si la persona que lo invoca es buena, el duende zahorí llega rápidamente y escucha con atención la descripción del objeto perdido y hace una indicación al que lo invocó para que le siga. Da muchos rodeos antes de dirigirse al lugar donde está el objeto y si ve que la persona empieza a impacientarse y a dudar de él desaparece de repente y luego, ya solo, recupera el objeto y se lo regala a algún necesitado.

Es un duende pequeñín y morenuco, de cara redonda, nariz larga y afilada, ojos negros y grandes y pelo rubio. Su voz es ronca, como si estuviera enfadado, pero en realidad es muy alegre y su risa es larga y burlona. Se viste con una zamarra roja y siempre anda corriendo de un lado a otro.

 

Enanucos

Dentro de la variada gama de seres extraordinarios que pueblan los valles y montes de Cantabria... nos encontramos ahora con los "enanucos".

Los "enanucos", son parecidos a los duendes, sobre todo por su estatura, pues no pasan del tamaño de una mazorca, y, según algunos testimonios... son más bien feos e incluso contrahechos... Contrariamente a los duendes... conocen la vida familiar ya que hay "enanucas" con las que se casan... Viven muchísimos años, pero no son inmortales, aunque algunos autores afirman que sí lo son aquellos que consiguen unirse sexualmente con un humano... (¿?¿?¿?¿?)

Normalmente viven bajo tierra, donde se ocupan de la elaboración de metales... y de la custodia de ricos tesoros que han ido acumulando durante siglos... Muy a menudo, salen a la superficie... sobre todo los más jóvenes... para ayudar a la gente... pues poseen ciertos poderes y son muy valientes...

 

Los enanucos bigaristas:

Los enanucos bigaristas.

 

En Cantabria todos los niños han visto u oído hablar alguna vez de unos seres tan diminutos como un puño que viven en el campo... ya sea en agujeritos en el suelo parecidos a las toperas o en huecos de los árboles... Tienen los ojos azules y chispeantes, pelo bermejo y pantorrillas muy abultadas... y visten medias calzas de color rojo... Entre ellos se comunican mediante un silbido característico muy parecido al canto del mirlo... y, además, tienen un bígaro o caracola con la que entonan un canto especial...

 

 

A veces, se dejan ver por los mortales... aconsejándoles sobre esto o aquello... pero... si no se obedecen sus indicaciones, se vuelven malos y vengativos... como cierto "enanuco" de Iguña... reyezuelo del entorno... que envenenaba las fuentes al atardecer...

El Tentirujo:

El Tentirujo.

Enano vestido de rojo y tocado con una boina de rabo tieso... a quien una hechicera transporta por los aires allí donde haya muchachas obedientes... y buenas... para que esté diablejo intente que dejen de serlo, sirviéndose para ello del secreto poder de la mandrágora... planta embrujada con raíz de forma humana...

Así cuando una moza se vuelve descarada de la noche a la mañana se dice:

"¡Esa ya tropezó con el Tentirujo!".

(pues vaya!)

 

Los Cuines de Silio:

Los Cuines de Silio.

Enanos también dichos "Familiares" que actúan por parejas haciendo el bien... especialmente a los niños... a quienes divierten con sus piruetas, muecas y gracioso gañir de cerditos recién nacidos... Visten una capucha encarnada y botines como la nieve...

Se sabe de "Familiares" que solo se muestran a los inocentes...

Las Brujas

Todos los Sábados las brujas de Cantabria... tras churrar (uuuyyyy!)... en las cenizas del hogar y al grito de...   "¡Sin Dios y sin Santa María, por la chimenea arriba!"... parten volando en escobas o transformadas en cárabos... rumbo a Cernégula... pueblo de Burgos donde celebran sus reuniones brujeriles alrededor de un espino... para... luego del bailoteo, chapuzarse en una charca de agua helada... Otras más correntonas... amanecen en Sevilla al pie de la Torre del Oro.

Bailoteo.

 

La "viejuca" de Vispieres:

La viejuca de Vispieres.

 

Bruja inofensiva... encorvada y descolorida... que recorre los prados las noches de luna llena... apoyándose en un cayado de oro con regatón de plata que siempre está limpio aunque toque pozas y barros...

Gasta una capa de color encarnado intenso y corizas de piel de comadreja...

Eternamente solitaria, se hace invisible cuando algún curioso la sorprende en sus paseos nocturnos...

 

Las Brujas de Ongayo:

Las brujas de Ongayo.

Se dice que en una gruta cercana a Suances... junto a una bolera de oro soterrada... Allí, las brujas celebran su aquelarre... o parten en humeante enjambre hacia Cernégula... lo que explica el cantar:

"De la cueva de Ongayo                             salió una bruja                                             con la greña caída y otra "brujuca".                Al llegar a Cernégula                            ¡válgame el cielo!                                             un diablo cornudo                                      bailó con ellas.                                              Por el Redentor,                                            por Santa María,                                          con el rabo ardiendo                                 ¡cómo bailarían...!"

 

Animales Fantásticos

En el rico acervo de la mitología cántabra... hay una serie de seres que nada tienen que ver con el hombre... ni en la forma... ni en el comportamiento... y que hay que incluir en el reino animal, a pesar, de las distancias que los separan con todo animal conocido...

Ninguno de estos animales verdaderamente fantásticos por su forma, sus orígenes y su conducta... es bueno... en el sentido más sencillo que puede dar a esta palabra un niño...

Actualmente es difícil encontrar a estos animales... pues los modernos sistemas de aniquilación que posee el hombre han acabado... prácticamente... no sólo con estos raros especímenes sino también con los padres que los procrean... Sólo los "caballucos" del diablo... siguen apareciendo cada noche de San Juan... aunque cada vez es más difícil verlos... pues la luz eléctrica, parece que los espanta y hoy en día... existen pocos lugares habitados en los que se carece de ella...

Los "caballucos" del diablo:

Los "caballucos" del diablo.

El primer día del verano... el solsticio... fue día de celebración desde los primeros tiempos de la humanidad... que veneraba las fuerzas sobrenaturales con el fuego... símbolo de vida... Las estelas cántabras con sus motivos solares son testimonio de las creencias de sus antiguos pobladores... y de sus ceremonias con fuego, purificadoras y propiciatorias de la cosecha venidera, perviven en realidades todavía actuales... Los celtas celebraban el solsticio de verano festejando a Yun, padre de los dioses... al que cantaban himnos y consagraban el muérdago y la verbena... Los antiguos cántabros... muy cercanos a los celtas en tradición y descendencia... realizaban fiestas paganas semejantes... que fueron absorbidas con la proscripción del paganismo...por la fiesta de Juan Bautista... unos días después del solsticio de verano... tal vez, por razones meramente homofónicas... (Yun... Juan)...

En Cantabria las hogueras de la noche de San Juan... perpetúan la antigua tradición purificadora y propiciatoria... Esta noche de misterio... de hechizos y de ritos sagrados... noche de brujas... ;-)... aparecen los "caballucos del diablo"...

Los "caballucos" del diablo son siete y parecen libélulas gigantescas... pues tienen alas larguísimas y transparentes parecidas a las de dicho insecto... con las que vuelan velozmente por el cielo nocturno... Van todos juntos y los cabalgan siete demonios... Sus ojos relumbran como chispas... resoplan por la nariz con la fuerza del huracán... arrojan inmensas llamaradas por la boca dejando en el aire una irrespirable estela de azufre... llevan en las patas unos fuertes espolones y... cuando huellan el suelo con los cascos... dejan en el suelo unas marcas indelebles... aunque sea en la roca... como las que todavía pueden verse en muchos parajes de la Montaña.

Cada uno es de un color del arco iris... y el rojo... que va en el medio... es el más corpulento... y el jefe. En realidad, son las almas de siete hombre malvados... nos hallamos ante el mal supremo... el del infierno... Estos jinetes son emisarios que el diablo arroja sobre las tierras cántabras la noche de fuego para sembrar el terror con sus tropelías en el mejor momento del año...

El primer jinete fue un molinero que siempre robaba a sus clientes parte del maíz o trigo que le llevaban a moler... El segundo, un escribano que por dinero y favores firmaba certificados falsos... El tercero, un usurero que sacaba la sangre a los labradores con todo tipo de trampas... El cuarto, un hijo desalmado que pegaba a su madre y a su padre... El quinto, un padre que vendió a su hija a un pretendiente viejo y rico... El sexto, un cura que engañaba a sus feligreses contándoles cosas que él mismo no creía... Y... el séptimo, un hombre riquísimo que nunca dio ni un céntimo a los pobres...

Ni siquiera las Anjanas tienen poder ante sus galopadas y la única manera de estar a salvo de los "caballucos" del diablo es hacer siete cruces en el aire antes de que se acerquen... pero... como son tan veloces... en ocasiones, no da tiempo... por lo que la gente recurre a otro procedimiento que también los ahuyenta... y que consiste en llevar encima una ramita de verbena... la hierba sagrada que ahuyenta todo mal y que hay que haber cogido del campo la madrugada de la noche de San Juan del año anterior.

 

Los "caballucos" del diablo.

Su maldad llega tan lejos... que incluso se llegan a comer todas las flores de agua que ven y todos los tréboles de cuatro hojas... saliendo de sus recónditas cuevas sólo una vez al año... la noche de San Juan... y recorriendo incansables todos los bosques... ¿Qué por qué hacen esto?... Como es bien sabido... al día siguiente de la hoguera de San Juan... los mozos y mozas van a los bosques a buscar en las fuentes la flor del agua, que da el amor y la felicidad, y el trébol de cuatro hojas, qué sólo si se arranca en tal ocasión da a quien lo encuentra las cuatro gracias de la vida... una por cada una de sus hojitas: vivir cien años... no sufrir dolores en toda la vida... no pasar hambre... y pasar con ánimo sereno todo tipo de contrariedades... Puesto que los "caballucos" se lo comen... cuando los jóvenes salen a buscarlo... no encuentran ninguno...

Cuando al cabo de una noche de ininterrumpidas tropelías corriendo y volando por campos... caminos y aldeas, el amanecer les encuentra agotados y sudoroso, los "caballucos" del diablo desaparecen hasta el año siguiente a través de cuevas llenas de cuajarones de sangre... Al retirarse piafando y resollando dejan caer de sus fauces una babilla, que al enfriarse en el suelo, se convierte en barritas de oro... En Cantabria, todo el mundo sabe que quien recoge estas varitas va irremisiblemente al infierno... pero hay muchos ambiciosos incrédulos... que no hacen caso a tal admonición y antes de que amanezca ya andan con farolas buscándolas entre la hierba... Cuando vuelven de su afanosa búsqueda... se esconden entre los árboles para no ser vistos por los grupos de mozas y mozos que salen al campo saltando y cantando:

"A quien coja la verbena                                la mañana de San Juan                                  no le dañarán culebras                                   ni "caballucos" del mal."

 

El Ramidreju:

El Ramidreju.

Animal que nace cada cien años de las comadrejas a de las rámilas... Es muy delgado y muy largo... con piel negra rayada de verde... ojos amarillos y un morro de jabalí... que le sirve para excavar agujeros profundísimos bajo tierra... agujeros semejantes a los topos... Dicen que su piel cura todas las enfermedades... y que sirve, también, para encontrar tesoros ocultos...

 

Los Mengues:

Los Mengues.

 

Gusanos malignos que se cogen bajo los helechos en lo alto del monte... a media noche con Luna llena... Metidos en un alfiletero otorgan poderes extraordinarios... pero es preciso darles dos libras de carne al día pues si no se comen a su dueño... Sólo quien lleve en una bolsita "el rézpede de coliebra" se verá libre de la magia infernal y de la fuerza hipnótica de los Mengues